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domingo, 12 de febrero de 2012

POST CRISIS: DE ESO NO SE HABLA


La crisis del capitalismo es un continuo que, en algunas oportunidades, adquiere características singulares que hacen más evidentes sus impactos y consecuencias. 

Sin embargo el Gobierno Nacional, lejos de comprender la necesidad de prepararse para la post crisis, que es lo que se avecina, se enreda cada vez más en una lógica política y económica cuyo impacto social llegará irremediablemente.

Deslumbrados aún por el resultado electoral del pasado octubre se asientan esa legitimidad para postergar una re estructuración profunda de lo que llaman "el modelo" y atentos a la dinámica global, prepararse para evitar que las consecuencias de la crisis en los países centrales y los re posicionamientos a los que llevará la "post crisis" en esos países impacte de tal modo en la Argentina que existan desequilibrios e inestabilidades cuya resolución eche por tierra lo hasta acá obtenido.

El Gobierno lleva adelante políticas de pura emergencia, sin planificación alguna y resultado de errores que se le señalaron repetidamente durante los últimos años y que encerrado en su propia burbuja se negó a escuchar.

De golpe toma cuenta de que su política de subsidios alcanzaba a sectores que de ninguna manera debieron recibir un sólo peso de subsidio.

Anuncia, como si fuera un gran descubrimiento, que su política fue un fracaso completo y que, como describía Galeano, los recursos emigraron por "la venas abiertas" de la Argentina al amparo de su propia complicidad.

En la emergencia reaparece un cierto "nacionalismo petrolero" que más que guía política ideológica para transformar la matríz sectorial, tiene todos los componentes melancólicos de quienes no han podido renovar sus ideas en una sociedad que se ha transformado de cabo a rabo.

Ponen en la mira las importaciones de bienes (sean finales o insumos) que han crecido por la propia incapacidad de, por un lado alentar el desarrollo industrial y la sustitución de importaciones de un modo planificado y racional y fomentar el consumo frenético en el que basaron sus "éxitos".

Así, ahora se pretende administrar una corriente importadora con instrumentos artesanales e informales, una suerte de política comercial externa atada con alambres.

Con esa precariedad intentaran llevar adelante la política de nacionalización del comercio exterior que supone el control de cambios y el desdoblamiento del mercado cambiario

La sequía, esperada en tanto se sabía que los años denominados "Niña" tienen esa característica, les impuso más límites aún y, aunque jamás lo reconozcan, los obligo a buscar en otras "cajas potenciales" la compensación por caída que la sequía va a generar en el flujo de ingresos de divisas.

Así, apuntó a la megaminería a la que otorgó todo tipo de prebendas y que, sin importarle el costo social ni ambiental, le impone al futuro de ésas regiones y al país todo.

Obviamente, reproduce el tradicional estilo de la politiquería argentina, para cuando el futuro llegue, ellos no estarán.

Pretende poner límites a una negociación salarial que acrecentará el conflicto social resultado de haber durante años ocultado una realidad económica como la inflación y la frágil sustentabilidad del modelo económico.

A eso suma la in equidad de cobrarle ganancias al trabajo personal mediante el ardid de no actualizar el mínimo no imponible y continuar protegiendo al sistema financiero de aportar conforme las extraordinarias ganancias que, la dinámica del crédito de corto plazo fogoneado por el Gobierno Nacional, generan.

Podríamos seguir la lista de contradicciones y paradojas que nos llevan a éste estado actual de fragilidad que la soberbia gubernamental prefiere ocultar y negar mediante todo tipo de ardides.

La incapacidad de aceptar críticas y hasta meros comentarios que contradicen su propio punto de vista agrava aún más el porvenir.

La debilidad económica puede, en éstos casos convertirse en crisis política y ahí sí estamos en otros problemas de más gravedad.

jueves, 9 de febrero de 2012

Crisis global: commodities, megaminería y preguntas sin respuesta

Dicen los medios de prensa internacionales que ya se da por seguro que la crisis financiera del estado griego sea resuelta mediante una quita de entre el 50 y el 70% y que, pese a las convulsiones internas, Grecia aplicara los ajustes acordados dentro de la UE.

Si bien ésta enorme destrucción de capital especulativo deberá ir acompañada por un fuerte aumento de la productividad griega que será, en otras, las razones de los conflictos sociales que deberán afrontar. 

No cabe duda que Grecia no volverá al dracma y que, pese a los costos, se encuadre en la disciplina europea.

Resuelto éste caso extremo, en un plazo no muy largo, los restantes países denominados PIGS e incluso la propia Francia alinearan sus situaciones financieras y fiscales a lo que se acuerde en el marco de la UE.

Cada uno a su manera deberá dar cuenta de mejoras sustantivas en la productividad para que, ajustado el capital financiero especulativo excedente, se reponga en los niveles deseados la tasa de ganancia.

Más allá de ésta extremadamente simple y reduccionista introducción la pregunta que debería ya estar pensando en responder como se lo pregunta un artículo de http://www.nodo50.org:

"¿Qué pasa si esto se da vuelta? ¿Qué pasa si la tasa de interés aumenta en el centro? ¿Qué pasa si el exceso de capital global en la periferia comienza a marcharse nuevamente hacia zonas de menor riesgo? ¿Qué puede pasar con Brasil, por ejemplo, país que tiene un 40% de este tipo de inversiones? Ni pensar en lo que puede pasar en Argentina si cae su socio. En efecto, los capitales excedentarios pueden y van a retornar hacia las economías centrales ni bien estas se “estabilicen” aunque mas no sea relativamente, es decir, una estabilización dentro del movimiento desestabilizador mismo de una crisis en desarrollo. Es que estos países, si bien presentan una menor retribución, poseen una mayor seguridad. Las inversiones en países de alto riesgo tienden a ser en general de corto plazo."

En nuestra visión en Argentina ni se plantean ese, para nosotros, seguro escenario.

Más aún, aunque sin acceso al mercado financiero internacional, Argentina espera que el "factor especulación" sobre los commodities, sostenga un precio bien alto para sus productos agricolas y agroindustriales.

En nuestra opinión eso no habrá de suceder.

Ajustado el capital financiero excedente, las formas especulativas (derivados, etc) también ajustarán sus metodologías y adquirirán más sofisticación pero buscaran mayores seguridades y calidad.

Pese a las manifestaciones de importantes operadores sobre que la tendencia de los valores de los commodities ya no retornaran a un ciclo a la baja, observamos que los Indices FAO de commodities están manifestando precisamente lo contrario.

Los commodities alimentarios, en tanto bienes salario, deberán necesariamente ajustarse a la baja para poder mantener salarios bajos (sobre lo que se basará parte de la mejora de la productividad) pero que permitan reproducir la fuerza de trabajo. Por ello, no se validarán precios como los actuales en los que el factor especulativo distorsiona la realidad.

Argentina debe plantearse escenarios menos expansivos en materia financiera si es que planea sus ingresos en función de los commodities agrícolas.

Tal vez porque si se plantean éstos escenarios, la minería a cielo abierto esta hoy en el centro del debate, porque, retomado el r´tmo productivo en los países centrales los comoditties no agricolas ( materias primas e insumos industriales, petroleo, etc) sí habrán de desarrollar un ciclo expansivo.

La pregunta es, ¿puede la minería argentina compensar la baja de los commodities agricolas?

Nuestra respuesta en principio es afirmativa, pero esa posible compensación está limitada por el modo en que la renta minera sea captada e internalizada por el Estado argentino.

De allí que no importen los costos sociales de la denominada megaminería, la necesidad de su existencia y desarrollo hacen al núcleo duro de los escenarios que se plantean para las post-crisis.

Muchos argentinos rechazan éste camino. ¿Cuál es el alternativo?. Argentina no dispone de otros recursos productivos transables a nivel global.

La industria no figura entre las prioridades a desarrollar como alternativa y sólo con algunos excepciones de exportaciones mercados resultado de acuerdos más políticos que económicos sobre compensaciones comerciales, las MOI carecen de competitividad para avanzar en mercados más sofisticados.

El debate debe darse porque la respuesta a las preguntas que planteamos nos serán requeridas a la brevedad y no admiten soluciones de emergencia.

lunes, 6 de febrero de 2012

EL KARMA PERONISTA: LA PRODUCTIVIDAD

Para el Gobierno ha llegado el momento de enfrentarse al karma de la economía peronista: la productividad.

Ya en 1954 Perón señalaba: "ya no es posible que se beneficie un determinado sector de la actividad económica mediante el aumento de su participación en la distribución de la renta nacional en detrimento del resto" .

de ésta manera se ponía fin a la esencia del peronismo: el distribucionismo sin contrapartida en la producción.

Esta indiferencia hacia el desarrollo de las fuerzas productivas y el énfasis en las reivindicaciones obreras en una sociedad de una larga cultura rentista dio paso a una situación de indisciplina y de indiferencia hacia la organización de la producción por parte de los trabajadores que debía ser modificado.

Para agrandar la torta había que incrementar la productividad y atraer así nuevas inversiones, sean de los empresarios locales como extranjeros.

Con esos objetivos en la mira se organizó en 1954 el Congreso de la Productividad y el Bienestar Social impulsado tanto por la CGT como los empresarios de la CGE liderados por Gelbard.

En su inauguración (218/03/1955) Perón señaló: "... es inútil pensar en mejoramientos de ningún orden si no nos ponemos de acuerdo para crear abundantemente los medios de ese mejoramiento".

El resultado el Acuerdo Nacional de Productividad que debía operar como un Pacto Social.

La visualización del problema llegó tarde y el peronismo mostró la inviabilidad de imponer condiciones de productividad que atrajeran inversiones y permitieran "agrandar la torta"

En 1973 el peronismo intenta reponer el distribucionismo, pero está vez, de la mano de Gelbard, desarrolla un Pacto Social que fue suscripto nuevamente por la CGT y la CGE. Las condiciones: congelamiento de precios, un aumento salarial acotado para contener los conflictos y suspensión de las CCT por 2 años.

El inicio fue promisorio, se expandió el consumo pero como las inversiones no llegaban ni se realizaban, la inflación, el mercado negro, el desabatecimiento y el resurgir la indisciplina de los trabajadores fueron orando el acuerdo.

Aun con Perón en vida y más aún tras su muerte, el Pacto Social mostró su inoperancia y la imposibilidad de que la productividad avanzará para sostener las demandas sociales.

las inversiones no llegaron, el aparato productivo estaba exhausto y las posibilidades estaban centradas en la necesidad de incrementar la productividad.

Los dislates y la violencia política alimentaron los conflictos cuando en marzo de 1975, y de acuerdo al Pacto Social, Isabel Perón reabrió las negociaciones paritarias.

Los resultados de las negociaciones obligaron al Ejecutivo a no homologar los CCT que superaran las pautas previstas.

En el interín y ante las crecientes dificultades el Poder Ejecutivo resuelve llevar adelante un nuevo plan de estabilización y que popularmente se conoció como "rodrigazo"

Los acontecimiento desembocaron en un paro general el 7 y 8 de julio de 1975 declarado en forma forzosa por la CGT a instancias de las bases gremiales.

El resultado, se homologaron los CCT, renunció Lopez Rega y Rodrigo y comenzó a acelerarse el debilitamiento del gobierno constitucional y a crecer la conspiración de las FFAA y de los sectores más concentrados para dar un nuevo golpe de estado.

Nuevamente el peronismo mostraba su fracaso a la hora de tratar de obtener mejoras en la productividad y generar un ambiente pro inversor que nunca llegó a gestarse.

En los tiempos que corren, y aunque las condiciones políticas son otras y la democracia lejos está de correr los riesgos políticos que debieron afrontar las iniciativas pro productividad del pasado.

Sin embargo, vuelve a plantearse la debilidad.

Se incremento el consumo hasta niveles nunca vistos, pero las inversiones (públicas y privadas), pese a un mercado en expansión, no se realizaron con el rítmo deseado y los desequilibrios y déficit se acumularon.

la necesaria inclusión social alimentó la necesidad de ampliar el gasto público y se instaló, bajo ese argumento, un complejo sistema de subsidios que a este momento llegó a a un límite que hace imposible sostenerlo y obliga a 

Nuevamente el peronismo enfrenta el mismo problema: aparato productivo en limite de su capacidad instalada, consumo creciente, falta de inversiones, inflación, demandas salariales compensatorias de la inflación real y la necesidad de incrementar en éstas condiciones la productividad del trabajo.

Se amenaza con la no homologar las CCT, se desarrolla un conflicto político con la CGT a la que se trata de alinear con el Gobierno y se advierte sobre la necesidad de mantener la disciplina social para lo cual se desarrollan leyes que intentan contenerlas.

Pero nuevamente las inversiones no se realizan, el clima de negocios se enrarece por la acción desesperada del gobierno de sostener una balanza comercial que achica mes a mes los superavit y, simultáneamente, contener el nivel de reservas internacionales de modo tal de evitar la fuga de divisas por todos los medios posibles para lo cual aplica una metodología informal que aleja más aún a cualquier posible inversor.

Nuevamente la productividad. Nuevamente el distribucionismo enfrenta el riesgo del fracaso.

¿Esta tercera será la vencida?